El Gran Cañón du Verdon

EL GRAN CAÑÓN DU VERDON    

Partida en dos la montaña,    
un sinuoso camino,    
serpenteante y estrecho,    
pareciéndonos un hilo,    
se ha formado entre las piedras    
que cayeron al vacío.    

Con el paso de los tiempos,    
durante años y siglos,    
suavizándose las crestas    
y sus escarpados riscos,    
las paredes de caliza    
de agudo y cortante filo    
y las zonas quebradizas    
ocultándose en sus picos, ...    
ese camino de piedras    
se hizo lecho de un río    
y lo albergó con gozo    
y le ofreció su cariño,    
porque atenciones merece    
todo ser recién nacido.    

Pequeño Verdon, pequeño,    
crece y duerme tranquilo,    
porque el Cañón se formó    
para ofrecerte su abrigo    
y para velar tu sueño    
y sonreirte con mimo    
y seguir siempre tus pasos    
en todo tu recorrido.    

El río muy saltarín    
y travieso como un niño    
se escondía entre las rocas,    
a veces, pedía auxilio,    
porque duras y grandes piedras    
le impedían el camino.    

Las sorteaba con fuerza    
y cambiaba su sentido    
dejando estelas de espuma    
y entonando tan bellos ritmos    
que en canciones se tornaba    
lo que antes eran gritos.    

Nuestro río fue creciendo,    
fuertes eran sus latidos,    
formaba gargantas bellas    
para nuestro regocijo, ...    

La estampa ya más hermosa,    
si cabe, del recorrido,    
para alegría y dicha    
de nuestro recuerdo vivo,      
La del Verdon y el Cañón    
abrazados, muy unidos.    

Se intercambiaban halagos    
sintiéndose agradecidos,    
uno por servir de ayuda    
y otro al ser protegido,    
al tiempo que con sus lágrimas,    
empañando con gran brillo    
los ojos del sentimiento,    
aceptaban su destino.    

Estampa, sí, triste era,    
más de bello colorido,    
porque el Cañón le entregaba    
su blancura, con augurios,      
que unida a la esperanza    
verde del agua del río,    
la mayoría de edad    
no encontraría peligros.    

Entraba en el lago grande    
del mundo, tal vez, altivo,    
frío, apresurado,    
hosco y falto de cariño, ...    
mas nada de ello temía    
con un legado tan rico.    

La ternura de tu infancia    
te abrirá nuevos caminos    
y yo seguiré tus pasos    
mirando al infinito.    

Autora: Lucía López Sánchez    
Por los caminos de España y...

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