Atardecer en el Cañón

ATARDECER EN EL CAÑÓN    

He sentido su caricia.    
Suavemente me ha besado.    
Era la brisa del viento.

Cuando estábamos sentados,    
admirando aquel paisaje    
del Cañón del Colorado.    
El sol brillaba muy fuerte.    
Rojizos eran sus rayos.    
Ilumninaba los árboles,    
el río y riscos formados,    
despidiéndose de ellos,    
lentamente, muy despacio.    

Algo sentí aquella tarde,    
mas no sé cómo explicarlo.    
Escuchando aquel silencio    
y el trino de algunos pájaros,    
adivinando el murmullo    
del río un tanto lejano,    
contemplaba el resplandor    
de todos aquellos rayos    
reflejándose en las rocas    
y tiñendo sus estratos.    

Muda quedé en un momento,    
tuve los ojos cerrados    
y sentí que el corazón    
con fuerza estaba vibrando.    

Al darme el viento en la cara    
fui del sueño despertando    
y agradecí su mensaje    
mientras volvía a mirarlo:    
"El cielo ha sido testigo    
de tantos y tantos cambios    
que, con el paso del tiempo,    
desde el alba hasta el ocaso,    
en un día y otro día,    
años, millones de años, ...    
con el agua y con el viento    
en el Cañón se han formado.”    

Moviendo el viento sus alas,    
de nuevo, siguió contando:    
"Recorro estos lugares    
y preparo su descanso,    
porque el sol de todo el día    
bastante los ha dorado.”    

Emocionada marché;    
tan fuerte fue aquel impacto    
que, de aquellos sentimientos,    
este es el recuerdo claro:   
 “AQUEL ATARDECER EL ALMA ME HA BESADO”    

Autora: Lucía López Sánchez    
Por los caminos de España y...

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