Ecos

ECOS    

Algo he visto en vuestros ojos    
que mi atención ha llamado.    

El brillo de la ternura,    
tal vez, se encuentra apagado    
y la mirada amorosa    
es fría, se ha transformado.    

Ya no os miráis atentos.    
¿Qué es lo que ha fallado?    

Con el correr de los tiempos    
vuestra vida ha cambiado.    
No sé si tango razón,    
no sé si me he equivocado;    
más tengo la confianza    
de seguir a vuestro lado    
para daros al mensaje    
que a mí me han dado los hados:    
Cuidando de su jardín    
el jardinero ha notado    
que, de lo que él veía,    
de entre todo lo plantado,    
destacaba un rosal    
por su aroma perfumado.    

Con suma delicadeza    
hasta él se ha acercado,    
frases bonitas le ha dicho,    
con emoción le ha mirado,    
hasta que por fin un día    
su amor le ha declarado.      

El rosal con sus piropos    
y sus atentos cuidados    
ha crecido con más fuerza,    
sus yemas bien han brotado    
y en respuesta a su amor    
de él se ha enamorado.    

Juntos las horas del día,    
cambiándose los halagos,    
muy contentos se han sentido.    

Su vida han planeado    
con las manos muy unidas,    
mirándose embelesados,    
sabiendo que el corazón    
con fuerza estaba vibrando.    

El rosal y el jardinero,    
ya de amor necesitados,    
unir sus vidas quisieron    
y su amor han pregonado    
ante Dios y ante los hombres    
que gozosos han quedado.    

Con esa paz interior    
que da el sentirse amado,    
mirándose a los ojos,    
así un tiempo han pasado.    

Fruto de aquella unión    
el rosal le ha entregado    
dos flores a cual más bella,    
dos capullos sonrosados.    

Son fuertes como su padre,    
como la madre aromados;    
y se sienten tan contentos    
y de amor tan inundados    
que los capullos en rosas    
muy pronto se van cambiando.    

Pero algo está sucediendo,    
en ello no han deparado.    
El vivir de cada día,    
el entregarse al trabajo,    
han cambiado aquel hogar    
y algo vital se ha olvidado.    

¿Dónde están nuestras caricias,    
dónde el amar ambientando,    
dónde la miel de los besos,    
dónde el querer abrazarnos?    
¿Qué ha sido de aquel abono?    
Dice el rosal enfadado.    
¿Qué, le dice el jardinero,    
fue de tu amor declarado?    
y una y otra vez exclaman    
bastante malhumorados:    
¿Por qué ahora tu aliento,    
el agua con que has regado,    
tu calor, tu sentimiento,    
la firmeza que me has dado,    
la comprensión y el amor    
y el estar ensimismados,    
han perdido su vigor    
y en silencio se han tornado?    

No quiero sólo el abono.    
Abono y amor mezclados.    
No quiero sólo el rocío.    
Rocío y aurora aunados.    
No quiero esta soledad.    
Quiero sentirme a tu lado.    
No quiero que los capullos    
Nos vean debilitados ...   

 Ya estamos llegando al fin.    
Escuchando habéis estado    
el mensaje, que antes dije    
que me trajeron los hadas.    

Grabad todo en vuestra mente    
y no dejéis que olvidados    
queden estos pensamientos:   
 “¡Adelante! ¡Ayudaros!.    
El trabajo es importante,    
pero es más el escucharos.    

La vida sin un diálogo,    
sin un tiempo dedicado    
a vosotros, a las flores ...    
sólo hará que lo sembrado    
se convierta en tierra yerma,    
no dé el fruto deseado    
y que tantas ilusiones    
se mueran” ¿Estáis llorando?   

 Autora: Lucía López Sánchez 

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