¡Teruel, existes!

¡TERUEL EXISTES!    

Los ojos elevo al Cielo    
y en el mirar, una estela    
de sosiego y de paz    
los envuelve y los ciega.    

Su bello azul, tan intenso,    
hacia mi interior se adentra    
y son los ojos del alma    
los que, en permanente alerta,    
me dicen que es realidad    
y que el corazón no sueña,    
al contemplar cuanto veo    
y sentir tanta belleza.    

¡Claro que existes, TERUEL!    
Y con estampas tan bellas,    
que a todo el que te visita    
le dejas profunda huella.    

La huella de tus contrastes:    
Los colores de tus tierras;    
las florecillas del campo    
en los cerros y en mesetas;    
las sabinas y los robles    
con el tomillo y la menta;    
las alturas de tus montes,    
milagro de la Naturaleza,    
que se enternecen mirando    
como sus bordes los besa,    
la espuma de las aguas,    
muy cercanas a unas sendas,    
desde las que estoy mirando    
como el río las lleva,...    

En esta mañana de Junio,    
una huella más interna    
se me ha quedado grabada,    
tal, que soñando despierta,    
quiero siempre recordar    
la incomparable belleza:    

Del EMBALSE DE CALANDA    
y el GUADALOPE, que sella,    
con su verde de esperanza    
el futuro de tus tierras.    

Los ÓRGANOS DE MONTORO    
DE MEZQUITA, en la Sierra,    
entre las grandes alturas,    
del MAESTRAZGO, por más señas,    
donde a lo largo de años    
y de siglos y de eras,    
el Orfebre de los Cielos,    
con su mano placentera    
y la ayuda de los vientos    
y de las lluvias, hiciera,    
en las caras de los MONTES    
y de jara en sus piedras,    
los surcos de las mejillas    
que, en la actualidad, presentan    
y las formas caprichosas    
de sus riscos y sus peñas,    
desfiladeros cortantes    
y sus puntiagudas crestas. ...    

Aguas del RÍO PITARQUE,    
que a tu nacimiento me llevas,    
bendito sea el momento    
en el que inicie la senda    
del camino hacia tu encuentro,    
allá, en tu cuna de piedra.    

Aunque camino difícil,    
con zonas que mucho se estrechan    
y piedras resbaladizas    
en oquedades y en grietas,    
evocaré con placer:    

Todo el verdor de la tierra;    
el murmullo de tus aguas    
que mis oídos alegra,    
en su dulce caminar    
entre guijarros y piedras;    
la suave brisa del viento,    
entre árboles y hierbas,    
aliviando el calor    
y animando a que siguiera;    
las laderas de los montes,    
que en lontananza se acercan,    
para besarse mimosas    
en la zona más estrecha    
del CAÑÓN de vuestro río.    

Zona, a la sazón, muy bella;    
Dos riscos desafiantes,    
los más altos de la Sierra,    
como vigías que al Cielo,    
con su mirada atenta,    
imploran su protección    
para esta querida tierra    
y las montañas rocosas,    
que os dan cobijo y terneza,    
contemplando vuestras prisas    
en las cascadas risueñas.    

CASCADAS escalonadas,    
donde termina la senda    
y la tierra dio a luz    
las aguas que se contemplan:    

El NACIMIENTO DEL RÍO,    
entre montañas inmensas.    
Una oración en la ERMITA    
de la VIRGEN DE LA PEÑA,    
ascienda hasta el CREADOR,    
para que tanta belleza    
acompañe nuestras vidas    
y la VIRGEN DEL PILAR con ELLA,    
¡claro que existes, TERUEL!,    
mimen tu alma aragonesa.    

Autora: Lucía López Sánchez. 
Por los caminos de España y... 

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