Editorial

   Pues sí, señor: Ya estamos en el número 6 de Supervisión 21, pensada por inspectores y para inspectores de Educación. Creo que se trata de un feliz e importante acontecimiento. Entiendo que su feliz importancia no está sólo en su contenido -con ser muy interesante-, como en el mismo hecho de la veteranía de la Revista. Para que algo tan ¿sencillo? como esta publicación periódica siga adelante año tras año, es necesario que alguien, algunos, esté, estén dispuestos a cargar sobre sus hombros con una serie de tareas cuyo peso sólo puede sobrellevar con gallardía quien ha tomado la decisión de servir a los demás a cambio de nada, que es la más noble de las disposiciones sociales y humanas.     

    En este mismo número, y en la sección de Archivo, Miguel Zapater repasa las Actividades de carácter profesional que se desarrollaban hace medio siglo gracias al impulso de la Hermandad de Inspectores de Enseñanza Primaria. Es cierto que eran magníficas realizaciones de carácter profesional, propias de un Cuerpo que gozaba de gran prestigio en el campo de la educación nacional. Pero no creo que Miguel Zapater me desmienta si afirmo que aquel decidido espíritu profesional, aquella responsabilidad asumida colegiadamente para mejorar con ilusión la educación de todos los españoles, fueron posibles porque los inspectores, sabedores de la trascendencia de su función, trabajaban entonces imbuidos de una clara vocación de servicio.     

    Si se me permite una ejemplificación anecdótica, recordaré a aquel bondadoso Capitán de las Milicias Universitarias, cuando empezaban los años 60. Si, en el día a día de la vida del campamento, algún aspirante le preguntaba cómo o con qué hacer tal o cual cosa, su guasona contestación solía ser: Las cosas se hacen con cel-lo... Algunos creían que se refería al cello ‘cinta adhesiva de plástico, generalmente transparente’; pero los más sabíamos que se refería al celo ‘diligencia o interés activos por algo’. Pues esta revista: lo mismo.      

    El artículo de Eduardo Soler no puede referirse a un asunto más actual: La convivencia en los centros escolares. Creo que, incluso en el próximo VIII Encuentro de Inspectores, este tema puede dar mucho de sí. Ojalá el asunto se plantee, si se plantea, desde un punto de vista estrictamente profesional-pedagógico, y no desde el político-partidista, desde el cual vienen considerándose de un tiempo acá, con frecuencia, las cuestiones que se refieren a la enseñanza. La síntesis de la publicación de Mercedes Ruiz Paz, Los límites de la educación, que aparece en el apartado de Artículos, es ya un punto de vista distinto, que amplía el marco de un posible tratamiento del asunto.     

    Tres puntos muy importantes llaman la atención también en este número de Supervisión 21 en las tres secciones: Legislación de Magislex, Bibliografía y Enlaces.     

    El primero, el consultorio de legislación educativa Magislex, constituye una ayuda inestimable para todo inspector. ¡Cuánto agradecimiento debemos al avance de la técnica en asuntos como éste! La hiperproducción legislativa sería inabarcable sin estos instrumentos auxiliares.      

    El segundo punto muy importante es el dedicado a la bibliografía: Elías Ramírez Aísa tuvo una actuación brillante en el Congreso Nacional de Inspección Educativa: 150 años de historia, de Valladolid, con el que se celebró aquella efemérides. Congreso que dirigió nuestro compañero Alfredo Mayorga Manrique, entonces Subdirector General de la Inspección de Educación, del Ministerio. Elías Ramírez demostró ser un conocedor, documentado y objetivo, de la historia de la Inspección. Su actual publicación La inspección de educación en España, 1970-1995 viene, pues, avalada por su anterior y honrada labor investigadora. Y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid..., no estaría de más que los supervivientes de los años anteriores al 70 escribieran la intrahistoria de la Inspección de Educación en aquellos años anteriores, en los que se cimentó la España próspera que se ha venido disfrutando en los años siguientes: ¿No tuvo nada que ver la Inspección de educación en la futura prosperidad? ¡Cuántas ilusiones, historias, sucesos, anécdotas se están perdiendo el olvido!     

    Y el tercer punto: ese magnífico enlace con la Real Academia Española. El Diccionario panhispánico de dudas es un instrumento imprescindible para quienes nos interesamos por nuestra lengua. Pero, además de instrumento imprescindible, es señal de la universalidad, de la pujanza, de la unidad del español, y de su futuro abierto a todas las esperanzas, porque se trata del trabajo conjunto de las veintidós Academias de la Lengua Española que existen hoy en el mundo: felizmente nuestra lengua ya no es solamente nuestra; es universal y es una. El enlace que nos trae este número 6 de Supervisión 21 puede ser considerado como un magnífico regalo.     

    Y Sevilla... ¡y Teruel! Teruel cantado por la inspectora Lucía López Sánchez –querida compañera en el destierro segoviano, siempre concienzuda y desinteresada trabajadora- que, como es costumbre en ella, deja oír sus trinos en todos los acontecimientos corporativos...     

    Ante la divertida sección de humor, sólo se me ocurre, aunque sea poco serio, contar también uno:

-Camarero: a mí, un pollo con patatas, pero el pollo, que esté muy poco hecho. El camarero le trae el pollo muy poco hecho.    
-¡Camarero, por favor! Hombre, le he dicho que me lo traiga poco hecho. Pero, joé, no tan poco hecho: que es que este pollo se me está comiendo las patatas...     

    Sólo me queda, en este momento, animar a todos los inspectores y a cuantos se interesan por la educación: primero, a leer con atención el contenido de Supervisión 21; y, después, a animarnos todos y a animar a nuestros conocidos para asistir a ese VIII Encuentro de Inspectores de Educación en la rocosa villa de Albarracín que, por sí sola, ya es suficiente reclamo. En las primeras páginas aparece el boletín de inscripción y el programa, cuyo tema central será el de Las Competencias básicas: un nuevo reto del currículo. Ánimos, y ¡hasta Albarracín!       

    José Antonio Palacios

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