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Los mecanismos naturales para la
 pervivencia de la sociedad y la educación

 

LOS MECANISMOS NATURALES PARA LA PERVIVENCIA DE LA SOCIEDAD Y LA EDUCACIÓN  

Miguel ZAPATER CORNEJO

Inspector de Educación

            Toda sociedad, o grupo social humano, está integrado por un conjunto de personas y una determinada cultura  que se ha ido forjando a lo largo de los años de su existencia en su interacción con su medio natural y otras sociedades  y que comprende  su experiencia vital, sus costumbres, sus instituciones, sus creencias, sus victorias y sus derrotas, sus ocios y sus ocupaciones, sus ideales, sus señas de identidad, sus aspiraciones…

            Como el ser humano, portador de la experiencia vital, no es inmortal, el hecho ineludible de la muerte hace imprescindible, para la pervivencia de toda sociedad, el nacimiento de nuevos seres  y la transmisión a los mismos,  de esa cultura, ya que llegan a la vida inmaduros, indefensos, sin lenguaje, creencias, ideales, normas sociales…Esta transmisión se lleva a cabo, por la educación en su sentido más amplio, en el seno de la familia que desempeña un papel insustituible, en la sociedad en general y en las instituciones escolares. La sociedad, por tanto, existe gracias a este doble proceso, de renovación de la existencia física, y de la recreación de la cultura.

             El primer objetivo de toda sociedad es asegurar su supervivencia. Esto ha sido así a lo largo de la historia de la humanidad,  a pesar de sus múltiples dificultades con las que se ha podido encontrar, (catástrofes, epidemias, guerras…), incluso sigue siéndolo en los animales salvajes. Sin embargo, en nuestros días, parece que  las sociedades, en particular las de cultura occidental, se vienen olvidando de los mecanismos naturales para asegurar su continuidad. A partir de los años 1970 se ha producido una reducción de los índices de natalidad en España y antes en otros países europeos. En 1976 ese índice ascendía en España a 2,8 hijos por mujer, y en 1996 había descendido a 1,16 y en La Rioja a 1,06. Al mismo tiempo se ha ido imponiendo en la mujer la tendencia a tener los hijos más tarde, en torno a los 30 años y se viene incrementando, a pesar de las campañas de educación sexual,   el número de abortos en adolescentes y jóvenes, de forma que en el último año supera los 80.000, número que en los treinta años transcurridos puede ascender a dos o más  millones.

             Una sociedad consciente de su futuro no puede permitirse pérdidas tan irreparables para su supervivencia, además de los dramas individuales y familiares  que ese hecho pueda dar lugar. Se hace pues urgente el que se adopten medidas que aseguren el futuro de nuestra  sociedad sin perjuicio de estar abierta a otras culturas y a la integración de inmigrantes.

         Estas medidas deben ser, al menos, de ayuda económica a las familias para la procreación y educación de sus hijos y a toda mujer soltera que desee, en vez de abortar, criar y educar a sus hijos; de regulación del trabajo de la mujer y el hombre  que permita conciliar la vida en el hogar con el trabajo fuera del mismo; de hacer una profunda reflexión sobre la situación de la educación,  en el seno de la familia, en la sociedad en general y en los centros escolares, y  de formar a los niños y a los jóvenes en los valores de la persona, especialmente los de la mujer, de la familia y de educar  para la madurez. Los psicoanalistas definen la madurez como la habilidad para posponer el placer e incluso abandonarlo para el bien de uno mismo, o de otros, distantes incluso en el espacio (lugares lejanos), y en el tiempo (futuras generaciones), lo que implica, a su vez, la capacidad de prever el resultado de nuestras propias acciones y supone la educación de la voluntad que constituye una joya que adorna al hombre maduro y que hoy no está suficientemente atendida en la familia y a veces tampoco en los centros escolares.

 

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