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LOS
MECANISMOS NATURALES PARA LA PERVIVENCIA DE LA SOCIEDAD Y LA EDUCACIÓN
Inspector
de Educación
Toda sociedad, o grupo social humano, está integrado por un conjunto de personas y una determinada cultura que se ha ido forjando a lo largo de los años de su existencia en su interacción con su medio natural y otras sociedades y que comprende su experiencia vital, sus costumbres, sus instituciones, sus creencias, sus victorias y sus derrotas, sus ocios y sus ocupaciones, sus ideales, sus señas de identidad, sus aspiraciones…
Como
el ser humano, portador de la experiencia vital, no es inmortal, el hecho
ineludible de la muerte hace imprescindible, para la pervivencia de toda
sociedad, el nacimiento de nuevos seres y
la transmisión a los mismos, de
esa cultura, ya que llegan a la vida inmaduros, indefensos, sin lenguaje,
creencias, ideales, normas sociales…Esta transmisión se lleva a cabo, por la
educación en su sentido más amplio, en el seno de la familia que desempeña un
papel insustituible, en la sociedad en general y en las instituciones escolares.
La sociedad, por tanto, existe gracias a este doble proceso, de renovación de
la existencia física, y de la recreación de la cultura.
El primer objetivo de toda sociedad es asegurar su supervivencia. Esto ha
sido así a lo largo de la historia de la humanidad,
a pesar de sus múltiples dificultades con las que se ha podido
encontrar, (catástrofes, epidemias, guerras…), incluso sigue siéndolo en los
animales salvajes. Sin embargo, en nuestros días, parece que
las sociedades, en particular las de cultura occidental, se vienen
olvidando de los mecanismos naturales para asegurar su continuidad. A partir de
los años 1970 se ha producido una reducción de los índices de natalidad en
España y antes en otros países europeos. En 1976 ese índice ascendía en España
a 2,8 hijos por mujer, y en 1996 había descendido a 1,16 y en La Rioja a 1,06.
Al mismo tiempo se ha ido imponiendo en la mujer la tendencia a tener los hijos
más tarde, en torno a los 30 años y se viene incrementando, a pesar de las
campañas de educación sexual, el
número de abortos en adolescentes y jóvenes, de forma que en el último año
supera los 80.000, número que en los treinta años transcurridos puede ascender
a dos o más millones.
Una sociedad consciente de su futuro no puede permitirse pérdidas tan
irreparables para su supervivencia, además de los dramas individuales y
familiares que ese hecho pueda dar
lugar. Se hace pues urgente el que se adopten medidas que aseguren el futuro de
nuestra sociedad sin perjuicio de
estar abierta a otras culturas y a la integración de inmigrantes.
Estas medidas deben ser, al menos, de ayuda económica
a las familias para la procreación y educación de sus hijos y a toda mujer
soltera que desee, en vez de abortar, criar y educar a sus hijos; de regulación
del trabajo de la mujer y el hombre que
permita conciliar la vida en el hogar con el trabajo fuera del mismo; de hacer
una profunda reflexión sobre la situación de la educación,
en el seno de la familia, en la sociedad en general y en los centros
escolares, y de formar a los niños
y a los jóvenes en los valores de la persona, especialmente los de la mujer, de
la familia y de educar para la
madurez. Los psicoanalistas definen la madurez como la habilidad para posponer
el placer e incluso abandonarlo para el bien de uno mismo, o de otros, distantes
incluso en el espacio (lugares lejanos), y en el tiempo (futuras generaciones),
lo que implica, a su vez, la capacidad de prever el resultado de nuestras
propias acciones y supone la educación de la voluntad que constituye una joya
que adorna al hombre maduro y que hoy no está suficientemente atendida en la
familia y a veces tampoco en los centros escolares.