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Los chicos del coro |

LOS VALORES EDUCATIVOS DE LA PELÍCULA “LOS CHICOS DEL CORO”
Miguel
Zapater Cornejo. Inspector
de Educación
Se está proyectando en salas de cine de distintas ciudades españolas una nueva película de carácter educativo, cuyo director y autor del guión es el cineasta francés Christopher Barratier. En ella se presentan dos modelos de disciplina escolar. Una basada en un ambiente falto de afecto, distante y con castigos de aplicación inmediata; la otra en la comprensión, la empatía y el afecto hacia los alumnos, sin perjuicio de la autoridad y firmeza en la corrección para conseguir modificar los comportamientos inadecuados.
La
acción tiene lugar en 1949, unos años después de la Segunda Guerra Mundial,
en un internado situado en un viejo castillo próximo a una ciudad francesa,
dedicado a la reeducación de niños con problemas,
en el que se acoge a unos sesenta niños
de entre 6 y 14 años de edad, huérfanos de padre, o
de madre, o de ambos, privados,
por tanto, de su afecto, cuya importancia en el desarrollo de su personalidad se ha puesto de manifiesto en distintos estudios
sobre el vínculo afectivo,
y la trascendencia de la familia en la educación de sus hijos.
El
director del internado, es un hombre rígido, con una concepción de la
disciplina escolar muy severa, basada en el principio de “acción”,
“reacción”, que consiste en aplicar el castigo inmediato, ante cualquier
acto de indisciplina, sin previa reflexión y diálogo con los alumnos. Este
modo de entender la disciplina y por tanto la relación educativa, la transmite
a todo el personal del internado y, especialmente,
a los otros dos maestros que con él
imparten las enseñanzas al grupo
de alumnos.
La marcha del cuidador, que abandona su puesto por la violencia que sufre en el centro, da lugar a la llegada de uno nuevo, Clement Mathieu, músico fracasado, con vocación de educador, con gran fe en la capacidad de perfeccionamiento humano, y de amor no solo hacia los alumnos sino también hacia los valores que ha de transmitir, que, con un nuevo modo de entender la disciplina, va a dar lugar a un giro copernicano en la vida del internado. Al entrar al centro es testigo de una gamberrada que causa grave herida al portero. El director lo recibe de un modo seco y distante, y los alumnos incluso con insultos, tratando de poner a prueba su capacidad de dominio sobre ellos. Pero, a pesar de la actitud negativa del director, reacciona inmediatamente, se hace cargo de las carencias afectivas de los alumnos, introduce nuevos métodos, detecta los casos de indisciplina, pero en vez de delatarlos e imponerles el castigo de “acción” “reacción”, los acoge, les hace reflexionar y les sugiere que acepten el compromiso de cambio de conducta. Les presta atención y afecto a todos, especialmente a los más débiles, a los más pequeños, pero no por eso deja de imponer su autoridad en todo momento.
Conocedor de los valores educativos de la música, especialmente del canto, para la educación de los sentimientos y de la afectividad en general, decide, a pesar de las dificultades que le pone el director, formar un coro en el tiempo en que tiene a los internos a su cargo. Previamente explora la voz de cada uno de ellos y en función de sus aptitudes les va asignando un papel dentro del coro, reconociendo así sus cualidades, y satisfaciendo, por tanto, no solo su necesidad de afecto sino también la de sentirse útiles y tener éxitos, con lo que les mueve al cambio. Se establecen vínculos de afecto entre todos, y consigue que se vayan implicando en esa misma visión de la disciplina, los maestros, incluso en algunos momentos, pocos, el director. El perfil educativo de Mathieu es todo un ejemplo de paciencia, entrega y sana superación de recetas pedagógicas.
El
guión de la película, según declaraciones de su director a la COPE, tiene, en
buena parte, carácter autobiográfico. Siendo niño, después de la Segunda
Guerra Mundial, estuvo en un internado unos tres años, que fueron para él de
mucha pena y tristeza. Este recuerdo le impulsó a idear un internado en el que
reinase un clima más humano. El éxito que viene teniendo la película en España
y en otros países, con más de 9 millones de espectadores y la venta de más de
45.000 copias del CD en nuestro país es una prueba de su acierto y del tirón
que aun tienen los coros escolares en la sociedad de hoy, y la necesidad de
fomentarlos en los centros educativos, para lo que hoy cuentan con más medios
que en tiempos pasados.
Miguel Zapater
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