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La atención educativa al alumnado con altas capacidades |

LA ATENCIÓN EDUCATIVA AL ALUMNADO CON ALTAS CAPACIDADES
La atención educativa a la diversidad (del alumnado inmigrante, de diferentes etnias, educación compensatoria, educación especial…) está hoy en plena actualidad. La educación diferenciada de los alumnos con altas capacidades (comúnmente denominados “superdotados” o “sobredotados”), constituye un desafío más que los profesores deben afrontar.
Los padres de estos alumnos son cada vez más conscientes de las características de sus hijos y exigen a las Administraciones educativas y a los centros docentes respuestas adecuadas a sus necesidades específicas. Los profesores, por su parte, reconocen que necesitan mejor preparación y recursos didácticos y materiales para atenderles.
¿Quiénes son los superdotados?
Son niños y niñas o jóvenes, alumnos y alumnas que, según la Oficina de Educación de EEUU, poseen habilidades extraordinarias y que, potencialmente, son capaces de de altas realizaciones, destacando en algunas de las siguientes características: a) alta capacidad intelectual general, b) aptitud académica específica, c) pensamiento creativo o productivo, d) habilidad de liderazgo, e) habilidad en artes visuales o representativas.
Entre los diversos modelos que intentan explicar la sobredotación intelectual, es bastante aceptado entre los psicopedagogos el que propone Renzulli, en su “teoría de los tres anillos”: considera a un alumno como superdotado cuando posee una capacidad intelectual muy superior a la media (generalmente por encima del cociente intelectual 130), y que presenta al mismo tiempo una fuerte motivación en la realización de tareas y un alto nivel de creatividad (un alto cociente intelectual no es suficiente para considerar a un alumno como superdotado); condiciones personales que se desarrollan bajo la influencia de un contexto social, escolar y familiar determinados. “Talentoso” sería el estudiante que destaca, al menos, en un campo más definido (matemáticas, música, dibujo,...). Los expertos señalan que más de un 2% de los alumnos son superdotados (algunos elevan “el listón” hasta el 5%).
El desarrollo evolutivo de la inteligencia no es uniforme en todos los niños, ni alcanzan las mismas etapas o estadios a la misma edad: pueden darse avances o retrocesos, en función de razones biológicas, medioambientales, etc. Por ello, es difícil precisar a partir de qué momento podemos identificar a un niño o niña como superdotados. A veces los padres se ilusionan pensando que su niña es superdotada porque aprendió a hablar o leer mucho antes que otros niños, cuando simplemente podríamos estar ante un caso de precocidad. En una exploración temprana, Einstein no hubiera sido considerado superdotado (manifestaba cierto retraso en el lenguaje). Técnicamente, no deberíamos considerar a un niño como superdotado antes de los doce años; no obstante, esperar a esta edad para tomar decisiones pedagógicas podría ser demasiado tarde. Lo importante no es tanto un diagnóstico preciso, como reconocer que hay alumnos con elevadas capacidades de aprendizaje que requieren atenciones específicas.
Necesidad de una educación diferenciada
¿Por qué estos alumnos necesitan una atención educativa diferente? En primer lugar porque la educación debe “extraer” (sacar) de cada alumno todas sus posibilidades, procurar el desarrollo de todas sus potencialidades personales. Un alumno realmente brillante, en un aula tradicional normal, donde ordinariamente se exige a todos los mismos aprendizajes, tiene pocas probabilidades de progresar a un ritmo superior. Necesita una educación adaptada a sus necesidades. Pero, además del propio bien del niño, la propia sociedad, en el futuro, necesitará de esas mentes privilegiadas “bien hechas”; un alumno superdotado puede llegar a ser un dirigente efectivo, investigador eficaz, “motor” para los cambios positivos que nuestra civilización necesita, aportar soluciones a tantos problemas y desafíos que nos encontramos…
Pero nuestro sistema educativo y nuestros centros presentan una organización escolar poco flexible (grupos, horarios, locales…) y escasos recursos didácticos, lo que impide una atención adecuada a estos alumnos.
Características:
Los chicos y chicas superdotados, aunque existe una gran variabilidad entre las aptitudes que muestra cada uno, se caracterizan por una extraordinaria capacidad para el aprendizaje y para retener y utilizar lo aprendido; destacan en capacidad de atención y concentración; tienen una habilidad especial para enfrentarse a situaciones nuevas; son originales, creativos y perfeccionistas; poseen un vocabulario avanzado para su edad; fueron generalmente precoces para hablar, leer y escribir; muestran una curiosidad insaciable y una elevada aptitud para resolver problemas complejos y abstractos; en general no presentan problemas de integración con su grupo, y hasta destacan como líderes…
¿Qué dificultades tienen?
Con estas características no deberían presentan dificultades en su educación y aprendizaje, entonces, ¿Qué dificultades tienen? Pues que, pese a sus altas capacidades intelectuales, a veces evidencian actitudes negativas para el aprendizaje escolar mostrándose contrarios a la escuela, siendo críticos con ella o con los profesores, incluso corrigiendo los fallos de éstos; o ponen escaso entusiasmo por sus actividades escolares; su sentido del humor, generalmente alto, a veces resulta corrosivo, contrario a la compostura esperada en el aula; no se interesan por la aprobación del maestro; frecuentemente se encuentran aburridos y desmotivados en clase, distraídos, poco atentos, sin hacer nada, haciendo el payaso o distrayendo a los compañeros… Estas actitudes propician que no se reconozcan sus altas capacidades y aún que fracasen muchas veces en su proceso de aprendizaje. Algunos especialistas hablan del “síndrome de bajo rendimiento” para referirse a esta otra realidad que tiene como base el aburrimiento que experimentan cuando el maestro repite una y otra vez los conceptos y procedimientos que ellos han aprendido con gran facilidad, y que se manifiesta en la desorganización en sus quehaceres escolares, en deficientes hábitos de estudio, o se olvidan de hacer sus deberes, o pueden considerar que han estudiado lo suficiente cuando apenas se han esforzado…
Es totalmente falsa la creencia de que el superdotado, por sus capacidades, no necesita ayuda; por el contrario, abundantes estudios demuestran que el fracaso escolar entre los superdotados es frecuente, que no se diferencia del resto de alumnos, y esto es grave; si el profesor no atiende sus necesidades, si estos muchachos no encuentran estímulos de aprendizaje que les motiven con actividades apropiadas a su nivel, el aula puede llegar a ser un lugar de frustración para ellos. La inteligencia superior no es un predictor fiable del éxito escolar, en el que influyen otras variables (en especial la motivación).
Disincronía
No acaban ahí las posibles dificultades. Aunque su inteligencia es muy superior a la media, en muchos otros aspectos son como los demás niños, y tienen las mismas necesidades: afectivas, de socialización con sus iguales, de reconocimiento y autoestima, intereses, aficiones, etc. Esta “disincronía” o discordancia entre su mayor potencial cognitivo y su menor madurez afectiva puede generar problemas de personalidad o adaptación social y, consecuencia de ellos, un bajo rendimiento escolar. Y su autoestima no siempre sale fortalecida: la toma de conciencia por el propio estudiante de que es distinto del resto de sus compañeros (generalmente ni él mismo sabe por qué), puede hacerle sentirse extraño o acomplejado.
Ocultamiento:
El ocultamiento voluntario de sus capacidades también constituye otra dificultad para que sea, al menos, reconocido como superdotado por los maestros. En algún artículo se les ha llamado “los invisibles” por su tendencia, muchas veces, a no sobresalir de entre los demás, para no hacerse notar y que no les llamen “empollón” o “sabelotodo” pues, aunque ellos perciben que son distintos, no valoran la utilidad de esas habilidades, cuando lo que realmente desean ellos es ser aceptados y reconocidos por el grupo. Recientemente conocimos el caso de un niño superdotado que renunciaba deliberadamente a obtener buenas notas porque así había conseguido ser “como los demás”. Este fenómeno de “ocultamiento” de capacidades es más significativo en las chicas, especialmente en la adolescencia.
Si los docentes que intervienen no conocen las aptitudes superiores de estos niños y la forma adaptar las enseñanzas a su nivel, poco a poco irán descuidando sus tareas escolares: con escaso esfuerzo obtienen el mínimo rendimiento, pero suficiente para contentar las expectativas del profesor o de sus padres. Conforme van pasando los cursos, las “lagunas” en los contenidos curriculares se pueden ir haciendo más notables, están “viviendo de las rentas”. Quizá sea tarde cuando nos demos cuenta de que están fracasando en su actividad principal. Muchos padres se quejan de esta realidad. Una madre nos comentaba cómo su hija, en 4º de Primaria, estaba bajando mucho su rendimiento, cuando en 2º curso les habían dicho que era superdotada. En el colegio les dicen que no saben cómo tratarla; nos confesaba que fue una alegría el diagnóstico, pero que ahora estaban muy decepcionados y preocupados.
Cada familia afronta de forma diferente la realidad de un hijo o hija superdotada, pero en general se percatan de las dificultades y la viven con preocupación, sobre todo cuando en el centro docente no son atendidos de forma adecuada.
Identificación
La identificación de estos alumnos y alumnas es muy controvertida. No todos están de acuerdo en si debemos o no identificarles, ni con qué fin, ni con qué medios, ni sobre cuándo se debe hacer la identificación. Algunos creen que por sus altas capacidades no necesitan el apoyo docente, y por lo tanto, no necesitan ser identificados. Otros creen que sería como etiquetarlos, entendiendo que la clasificación no es una solución adecuada… Pero si queremos actuar educativamente, debemos conocerles.
Para identificarlos, hay que superar algunas ideas falsas o mitos que se tienen sobre estos alumnos; por ejemplo, muchas personas piensan que los superdotados siempre obtienen buenos resultados escolares, que destacan en todas las materias, o que siguen con normalidad las indicaciones de sus profesores. Son estereotipos que nos falsean la percepción de la realidad de estos alumnos.
Hay otras causas que pueden impedirnos reconocerles, como la excesiva confianza que los psicopedagogos tienen en los tests de inteligencia, pues si un alumno puntúa por debajo del nivel de referencia, por el motivo que sea, no será reconocido: un niño retrasado no podrá puntuar alto en un test, pero un niño inteligente, en cambio, sí puede puntuar bajo por cualquier motivo. Por otra parte, los tests de inteligencia están diseñados para niños normales, por lo que tienen un “techo” a partir del cual no discriminan bien las altas capacidades.
Las conductas disruptivas que a veces manifiestan, el escaso esfuerzo en sus tareas escolares, o la propia inmadurez personal, pueden “disfrazar” la presencia de un niño superdotado. Hay niños con altas capacidades que terminan Primaria sin ser conocidos suficientemente por sus maestros; es el caso de los niños tímidos, introvertidos, inmigrantes…
Las calificaciones escolares tampoco son muy fiables para identificar a los superdotados, pues en Primaria sólo se barajan dos alternativas: “Progresa Adecuadamente” y “Necesita Mejorar”, y en Secundaria, sólo se califica el rendimiento académico en 2º curso (hasta ahora). Las calificaciones sólo son un dato más que hay que considerar en la concepción integral del alumno, pero no dejan de ser un aspecto importante. .
En los últimos años, las Administraciones Educativas (MECD y C. Autónomas), han venido desarrollando Programas de Intervención educativa con estos alumnos. El primer objetivo de tales programas es detectar qué alumnos presentan necesidades educativas específicas por sobredotación intelectual. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, recomendamos que, si no es posible una evaluación de todos los alumnos de un Colegio, se investiga en principio a un grupo de “posibles” alumnos superdotados, para luego evaluar en profundidad a cada uno.
El proceso de identificación debe ser coordinado por el psicopedagogo del Centro: los profesores pueden dar el primer paso rellenando un cuestionario señalando qué alumnos responden a determinadas características (capacidad de aprendizaje, sociabilidad, nivel de competencia curricular, creatividad…); los propios componentes del grupo-clase pueden ser invitados a rellenar otro cuestionario de rasgos sobre sus propios compañeros (¿Quién sería más capaz de…?, ¿Quién destaca más en…?); los padres de los alumnos o alumnas susceptibles de poseer altas capacidades podrían, a su vez, señalar características del entorno familiar, social, evolutivo, emocional, del aprendizaje, etc. de sus hijos. Incluso los propios alumnos de mayor edad pueden, además, señalar sus propias características en una escala de autovaloración (capacidades, intereses, actitudes,…) y realizar un Autoinforme de composición libre. Con estos indicios podríamos seleccionar entre el 5 y el 15% del total de alumnos, que pasarían a la segunda fase.
La evaluación psicopedagógica
Los alumnos seleccionados por “nominación” serían evaluados con más profundidad para precisar sus capacidades y necesidades educativas. Debe hacerla el psicopedagogo, aunque colaboren con él otros profesionales. Interesa ahora recoger datos de cada alumno, sobre : a) historia personal y escolar (desarrollo, enfermedades, trayectoria en el colegio, expectativas familiares…), siendo imprescindible la entrevista con los padres; b) valoración de su desarrollo cognitivo, para la que habitualmente se emplean tests de inteligencia general y de factores específicos para determinar el C.I. (pero que deben complementarse con otros procedimientos); c) creatividad o producción divergente: los resultados de las pruebas o tests de creatividad pueden contrastarse con otras producciones del alumno: cuentos, dibujos, juegos, redacciones,…; d) aptitudes escolares (funciones adquisitivas e integradoras: lecto-escritura, vocabulario, percepción atención, memoria…); e) nivel de competencia curricular (determinar en qué grado o porcentaje el alumno tiene conseguidos los objetivos y contenidos de su propio nivel o superior); f) su estilo de aprendizaje (¿Qué estrategias utiliza? ¿Cómo procesa la información? ¿Planifica sus tareas…?); g) motivaciones e intereses: (cómo el alumno se implica en sus tareas, su persistencia, materias preferidas…); h) autoconcepto y autoestima (¿qué opinión tiene el alumno de sí mismo? ¿cómo la ha ido adquiriendo? ¿se ajustan a la realidad?); i) adaptación e interacción social (relaciones con sus compañeros y amigos, con los profesores, padres, hermanos…); j) el contexto educativo (¿qué tipo de ayuda necesita? ¿qué ambiente presenta el centro? ¿con qué medios cuenta?...).
Con los resultados de la exploración psicopedagógica se elabora un Informe Técnico que aconsejará las medidas educativas que convenga adoptar.
Intervención educativa:
El Informe Técnico propone generalmente una adaptación curricular invididualizada para el alumno o alumna (modificación de objetivos y contenidos o introducción de otros diferentes, adecuación de actividades a su nivel, cambios en la metodología que posibiliten la atención individualizada, utilización de materiales didácticos específicos para ellos...).
El profesorado y el centro deben disponer la forma y los medios para responder a sus necesidades. El PE, el PCC y el PAT deben contemplar las medidas de atención a la diversidad que ofrece el centro y, entre ellas, la atención a los superdotados.
Los centros, en función de sus características, podrían adoptar medidas como las siguientes:
1. - Agrupamientos:
El profesor trabaja mejor y los alumnos rinden más si están agrupados según sus capacidades, pero chocamos con la imposición legal de agrupamientos por edad. No obstante, se puede: a) formar grupos de aprendizaje homogéneos (pueden ser temporales o permanentes, en la propia aula, para una o varias materias); c) grupos flexibles (para materias curriculares distintas, habitualmente instrumentales, de diferentes aulas del mismo nivel); d) flexibilidad internivelar (los alumnos con altas capacidades, podrían asistir a determinadas actividades lectivas con grupos de nivel superior sin perder el aula de referencia); e) aula de apoyo (el alumno podría ser atendido individualmente o en pequeño grupo, a tiempo parcial, del mismo modo que los niños retrasados). En general se requiere una buena organización y flexibilidad horaria, pues se trata de superar la rigidez de los grupos o unidades para todos los alumnos y las mismas materias. La agrupación en centros específicos para superdotados, no se contempla en nuestro país.
Los agrupamientos pueden tener como ventajas: a) el profesorado, más especializado y sensible con los intereses y el nivel del alumnado; b) el tamaño más reducido de los grupos; c) la oportunidad de relacionarse e interaccionar con otros alumnos de altas capacidades; d) no estar sujetos al mismo ritmo de todos los alumnos.
2.- Enriquecimiento (ampliación):
Dentro del epígrafe “enriquecimiento”, incluimos un grupo de estrategias que suponen incorporar materiales o áreas de aprendizaje que superan y enriquecen el currículum; es decir, ampliar los contenidos. Podemos proporcionar así actividades de aprendizaje con nivel y ritmo adecuado, estimular sus iniciativas y deseos de aprender, experiencias de pensamiento creativo y solución de problemas, desarrollar la independencia y autonomía en el aprendizaje… Podemos distinguir: ampliación horizontal (“ensanchar” los contenidos del curso; por ejemplo, actividades de aplicación…) y ampliación vertical (más contenidos, incluso de cursos superiores).
El enriquecimiento se puede conseguir de diferentes maneras: a) estableciendo una programación paralela (dentro del mismo grupo-clase, adaptación del currículum general para un alumno concreto o grupo muy reducido para el estudio en profundidad de temas específicos con un programa diferente, o sustituyendo los contenidos ya dominados por otras actividades paralelas); b) programas específicos (fuera del aula, pero dentro del centro, programas de enriquecimiento según los intereses de los alumnos: teatro, talleres, informática, robótica, periodismo, etc., supervisados por algún profesor especializado); c) programas de desarrollo cognitivo. creativo y afectivo (fuera del horario lectivo, actividades complementarias en el propio centro o como extraescolares en centros especiales –generalmente privados- o programas de verano o de fin de semana, en grupos reducidos, para trabajar distintas habilidades de la inteligencia); d) Trabajos de investigación (propio para alumnos mayores, el alumno actúa como investigador, bajo la supervisión de un profesor, pero existen otras variantes: planes de trabajo personalizado, contrato didáctico, proyectos de trabajo, grupos cooperativos, organización multigraduada, enseñanza asistida por ordenador, etc.).
Otros Programas o Proyectos pueden ser puestos en práctica por los centros docentes en horario extracurricular, para superdotados pero extensibles a otros alumnos. Son muy conocidos: el Proyecto Harvard, para el desarrollo de la inteligencia; la serie de cuadernos Progesint, para la estimulación de las habilidades de la creatividad y de la inteligencia; los cuadernos de entrenamiento cognitivo y creativo de Agustín Regadera y José Luis Sánchez, etc.
Aparte de los centros docentes, existen Asociaciones de Padres de Alumnos Superdotados muy interesadas en todo lo que concierne a orientación de padres, diagnóstico y valoración psicopedagógica de alumnos, organización de actividades, etc. Podríamos destacar el “Modelo de Enriquecimiento Psicopedagógico y Social” (MEPS), del Centro Psicológico y Educativo “Huerta del Rey”, de Valladolid, en el que, tras la identificación y valoración, se trabaja el desarrollo cognitivo, social y emocional en horario extracurricular.
A nivel más oficial, existen en nuestro país otras opciones interesantes, por ejemplo, el Proyecto para la detección y estímulo del talento matemático en la Comunidad de Madrid que llevan a cabo cada año la Real Academia de Ciencias y la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense para alumnos de enseñanza secundaria; los alumnos seleccionados realizan cursos los sábados por la mañana con profesores especializados.
Las actividades de enriquecimiento permiten a los alumnos de altas capacidades progresar a su propio ritmo y de acuerdo con sus intereses y motivaciones, evitando la segregación del grupo-clase. Las programaciones se acomodan a las diferencias individuales y permiten que los alumnos se desarrollen social y emocionalmente junto a sus compañeros coetáneos, pero es necesario que los centros dispongan de espacios que puedan ser utilizados en horarios flexibles: biblioteca, laboratorio, salas específicas, etc.
De la misma manera que existen materiales de refuerzo para alumnos con dificultades, los profesores, por Ciclos o Departamentos, podrían preparar materiales de ampliación para los alumnos superdotados (documentos, material de consulta, material informático…).
Si los padres optan por llevar a sus hijos a entidades privadas que ofrecen actividades para la atención de estos alumnos, deben saber que existen becas específicas del Ministerio de Cultura, Educación y Deportes para Educación Especial y que incluye la atención de alumnos superdotados, que cubren parte de los gastos.
3.- Aceleración:
También llamado flexibilización del periodo de escolarización. Consiste en adaptar los objetivos, los contenidos y criterios de evaluación a un alumno de tal manera que pueda: a) anticipar la escolaridad de la enseñanza Primaria en un año, entrando a los cinco; b) cursar los contenidos de dos años académicos en uno sólo. Esta medida se puede adoptar hasta tres veces en la enseñanza básica y una vez en la enseñanza postobligatoria.
Se trata de una medida extraordinaria para la que no basta una adaptación curricular individualizada. Es preciso, además, un Dictamen de Escolarización que debe autorizar la Administración educativa, y que debe considerarse sólo cuando las distintas formas de agrupamiento flexible o el enriquecimiento curricular no se consideren suficientes.
Su aplicación puede tener una seria dificultad: si no se diseñan bien los contenidos curriculares que el alumno debe realizar, es decir, si lo pasamos simplemente de un curso a otro, se pueden generar lagunas o ausencias en determinados contenidos correspondientes al curso que no se imparta. Por tanto, el alumno no debe “saltarse” un curso, sino realizar los contenidos de dos cursos en uno, programa que debe estar muy bien diseñado, teniendo en cuenta, por otra parte, que separar a un alumno de su grupo de iguales puede significar inconvenientes en su proceso de socialización. La medida, pues, debe tomarse con precaución.
La LOGSE imponía que los niños deben comenzar la enseñanza Primaria a los seis años. Sólo permitía una repetición de curso en Primaria y otra en Secundaria, pero no contemplaba la posibilidad de empezar antes de los seis, ni que un alumno superdotado adelantara de curso. Ignoraba la existencia de los alumnos superdotados.
No obstante, a partir del Real Decreto 696/1995 de 28 de abril (BOE nº 131, de 2 de junio), de aplicación nacional, y después en las Comunidades Autónomas, empezaron a establecerse las condiciones y el procedimiento para que estos alumnos pudieran acceder a los cinco años a Primaria o cursar los contenidos de dos cursos en uno sólo a lo largo de Primaria. También podrían adelantar un curso en Secundaria Obligatoria.
Actualmente, la Ley Orgánica 10/2002, de 23 de diciembre, de Calidad de la Educación, reconoce que estos alumnos deben ser objeto de una atención específica por parte de las Administraciones educativas, que deberán adoptar las medidas necesarias para identificar y evaluar de forma temprana sus necesidades y adoptar las medidas necesarias para facilitar su escolarización en centros que puedan prestarles una atención adecuada a sus características, la flexibilización de los niveles y etapas independientemente de la edad de los alumnos, la realización de cursos de formación para el profesorado que los atienda y el asesoramiento adecuado a los padres.
El Real Decreto 943/2003, de 18 de julio, regula las condiciones para flexibilizar la duración de los diversos niveles y etapas del sistema educativo para estos alumnos, señalando que las Administraciones educativas adoptarán las medidas necesarias para identificar a estos alumnos y evaluarán sus necesidades educativas lo más tempranamente posible, recalcando que la atención educativa se iniciará desde el momento de la identificación, sea cual sea su edad, y tendrá por objeto el desarrollo pleno de sus capacidades y de su personalidad.
Básicamente, las Administraciones educativas siguen un esquema similar para autorizar la flexibilización: a) identificación del alumno o alumna que, supuestamente, necesita anticipar o reducir el periodo de escolarización, por los profesores del centro; b) información a los padres o tutores legales, c) valoración por el Servicio Psicopedagógico Escolar o Gabinete Psicopedagógico Escolar autorizado; d) solicitud de la flexibilización a la Administración, por la Dirección del Centro, acompañando un Informe del equipo docente, el Informe Técnico psicopedagógico y la conformidad expresa de los padres. La Inspección Educativa informará la propuesta y la Dirección Territorial resolverá, comunicándolo al centro y a los padres.
Si se autoriza la propuesta, se dejará constancia en el expediente académico del alumno y se consignará en los documentos oficiales de evaluación. La medida será objeto de seguimiento y tendrá carácter reversible durante un tiempo, generalmente durante los dos cursos siguientes.
Alejo Villanueva Sánchez
Inspector de Educación. Valencia
Para saber más:
Alonso, Juan Antonio y Benito, Yolanda
Superdotados: Adaptación escolar y social en Secundaria
Narcea, SA
Arocas Sanchis, Emma; Martínez Coves, Pilar; Martínez Francés, Mª Dolores y Regadera López, Agustín
Orientaciones para la evaluación psicopedagógica para el alumnado con altas capacidades
Edita: Generalitat Valenciana
Benito, Yolanda
¿Existen los superdotados?
Editorial Praxis
Benito Mate, Yolanda
Inteligencia y algunos factores de personalidad en superdotados
Amarú Ediciones. Salamanca
Jiménez Fernández, Carmen (Coordinadora)
Revista de Pedagogía BORDON
Número monográfico, 2002. Volumen 54
Sociedad Española de Pedagogía
López, Juan Carlos y Manzano, José Ramón (Coordinadores)
Propuestas educativas para alumnos superdotados y talentosos
Actas del Congreso Internacional
Sociedad Aragonesa de Psicopedagogía
Mira Editores. Zaragoza
Prieto Sánchez, Mª Dolores (Coordinadora)
Identificación, evaluación y atención a la diversidad del superdotado
Ediciones Aljibe. Archidona. Málaga
Regadera López, Agustín
¿Es mi hijo superdotado o inteligente?
Ediciones Palabra. Madrid
Regadera López, Agustín y Sánchez Carrillo, José Luis
Identificación y tratamiento de los alumnos con altas capacidades: Adaptaciones curriculares en Primaria y ESO
Editorial Brief
Royo Lombardo, José
Necesidades educativas del superdotado
Editorial EOS. Madrid|
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