Las competencias básicas en la educación obligatoria |

LAS COMPETENCIAS BÁSICAS EN LA EDUCACIÓN OBLIGATORIA.
CONCEPTO Y CRITERIOS PARA ELABORAR EL PROYECTO CURRICULAR
Las enseñanzas mínimas de la Educación Básica Obligatoria (Enseñanza Primaria y Enseñanza Secundaria Obligatoria), que regulan los RR. DD.1513/2006 de 7 de diciembre (B.O.E. 8, de dic.) y 1631/2006, 29 de diciembre (B.O.E. 5 de enero del 2007), en desarrollo de la LOE introducen, de modo expreso, un nuevo elemento, las competencias básicas, a cuyo logro se orientan las mismas enseñanzas mínimas, los currículos elaborados por las Administraciones Educativas, concretados y completados por los centros educativos, la organización de las aulas, y de los centros educativos y las actividades complementarias y extraescolares, según se dispone en los arts. 6 y 7 respectivamente de ambos Decretos.
En este contexto educativo, el significado más adecuado de los que da al término competencia el Diccionario de la R. A. de la Lengua es el de “pericia, aptitud o idoneidad para hacer algo”. Esta pericia no es innata, sino fruto de la educación, de la enseñanza-aprendizaje. El ser humano, al nacer, es uno de los seres más indefenso, pero está dotado de determinadas disposiciones o potencialidades que se van a ir actualizando, desarrollando, mediante la educación, que consiste en la adquisición de hábitos (intelectuales, morales- valores, ideales-, psicomotrices) a través del ejercicio. Los hábitos son cualidades son las disposiciones actualizadas, constituyen nuestra segunda naturaleza, y se les denomina capacidades, en los Decretos de las enseñanzas mínimas.
El diccionario de la R. A. de la Lengua, define el término capacidad como “cualidad que dispone a alguien para el buen ejercicio de algo”, que difiere del significado que le da al término de competencia. Entre competencia y capacidad hay cierta similitud. Ambas están orientadas a la acción, y suponen la formación, la educación, pero se diferencian en que la competencia comprende varias y distintas capacidades, como también las hay entre los distintos grados del saber. Hay un saber teórico, propio de la ciencia pura, también llamado un saber-conocer, un saber cómo se hace, propio de la técnica y un saber hacer propiamente dicho, cada uno de los cuales requiere, distintas capacidades, que se integran en la competencia, y el auténtico saber todas ellas. Por eso a la competencia se la considera como un conjunto o sistema de capacidades y se la suele definir como un conjunto de conocimientos, procedimientos y actitudes, coordinados e integrados y orientados a la acción.
Por eso no basta con saber cuales son las capacidades constitutivas de una competencia. Las competencias solo son constatables en la acción. Poseer unas capacidades no significa ser competente. La competencia no reside solo en las capacidades que se poseen, sino también en las interrelaciones que se establecen entre ellas, en su movilización misma. Para ser competente es necesario poner en juego el conjunto de capacidades que integran esa competencia, saberlas utilizar en distintas situaciones y contextos, el saber actuar. El saber-actuar supone, un conjunto de actos ordenados según una determinada secuencia, donde la ejecución de cada uno de ellos es dependiente del cumplimiento de los otros o del todo.
Teniendo en cuenta en qué consiste la competencia se desprende que en el proceso formativo no basta con adquirir las capacidades que la constituyen, sino que es preciso la práctica, el ejercicio, el incorporar la experiencia al propio proceso formativo. La mejor forma de desarrollar las competencias es articulando formación y experiencia, no sustituyendo una por otra.
Las competencias básicas que se incluyen en los citados textos legales y que se han de ir adquiriendo en la Enseñanza Primaria y terminar de conseguirlas al final de la Educación Secundaria Obligatoria, son estas ocho: 1) competencia en comunicación lingüística, 2) competencia matemática, 3) competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico, 4) competencia en el tratamiento de la información y competencia digital, 5) competencia social y ciudadana, 6) competencia cultural y artística, 7) competencia para aprender a aprender, 8) competencia de autonomía e iniciativa personal.
En el Anexo I de ambos Decretos dedicado todo él a las competencias básicas, se describen las capacidades de que consta cada una de ellas. Por otra parte, en el Anexo II de los mismos Decretos, al referirse a cada una de las áreas o materias de la Enseñanza Primaria o de la Educación Secundaria Obligatoria se describen qué contenidos de las mismas están más relacionados con la consecución de una o de varias de las ocho competencias básicas. Así mismo en el art. 3 del Decreto de Enseñanzas Mínimas de Educación Primaria y en el correspondiente de Educación Secundaria Obligatoria se establecen los objetivos a lograr con ambas enseñanzas en términos de capacidades, que en el caso de Primaria son 14. Del mismo modo las distintas áreas constan de los objetivos en términos de capacidades que se han de lograr con cada una de las mismas y que suman en conjunto unos 45 objetivos.
Teniendo en cuenta lo que precede y la idea expresada en el preámbulo del Decreto de que las competencias básicas deben permitir identificar aquellos aprendizajes que se consideran más imprescindibles desde un planteamiento integrador y orientado a la aplicación de los saberes adquiridos, parece razonable que en el momento de elaborar y concretar en los centros educativos el proyecto curricular de la Enseñanza Primaria o de la Enseñanza Secundaria, debiera, tal vez, comenzarse con la concreción de cada una de las competencias con las capacidades más relevantes que en las mismas se contemplan para pasar, después, a relacionar los objetivos generales y los objetivos de cada área con cada una de las mismas y con los contenidos de estas mismas que están más relacionados como medios para la consecución de los objetivos y a través de ellos de las correspondientes competencias.
Por último no debe pasarse por alto que la adquisición de las competencias implica no solo el dominio de cada una de las capacidades que la integran sino también su aplicación a las distintas situaciones de la vida de la escuela o centro educativo y de la realidad social, incorporando la experiencia al propio proceso formativo. Las competencias básicas han estado siempre, en mayor o menor grado, presentes, de un modo implícito, en el buen hacer de maestros y profesores que han procurado relacionar los contenidos de las distintas áreas y mantener la motivación de los alumnos para que cada vez logren una mejor calidad en sus aprendizajes y sepan aplicarlos a la vida.
Miguel Zapater Cornejo. Inspector de Educación
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