PEDAGOGÍA DEL CONTENIDO
Recientemente se ha celebrado en Madrid un congreso sobre el fracaso
escolar en el que se ha hecho público un estudio sobre “el fracaso escolar en
la Unión Europea”. En él se destaca que España tiene uno de los índices más
altos de fracaso con un 25 % en la E.S.O. por encima de la media de los países
europeos que está en el 20 %.
Estos datos vienen a coincidir con el “Diagnóstico General del Sistema
Educativo” elaborado por el Instituto Nacional de Calidad y Evaluación (INCE)
del M.E.C. que en sus conclusiones advertía del generalizado descenso de la
calidad de enseñanza.
En el mundo educativo actual hay cierto desconcierto y perplejidad, y ni
los padres, ni los profesores, ni la sociedad acaban de definir claramente hacia
donde va el centro educativo y qué se debe enseñar.
Este problema actual lo ha tratado con suficiente rigor Mercedes Ruiz Paz
en el libro “Los límites de la educación” (Grupo Unisón Ediciones.
Madrid. 1997. 187 páginas). Se estudian los principales problemas educativos y
propone una serie de soluciones que, desde el sentido común, defienden el papel
de los profesores y la función que la educación debe desempeñar en la
sociedad.
El primer problema que señala es que han bajado los contenidos
educativos y se observa “la ausencia de criterio que la pedagogía oficial
muestra acerca del valor de los contenidos culturales. Sólo la ignorancia es
capaz de prescindir de contenidos culturales valiosos para la sociedad o, en el
mejor de los casos, situar al mismo nivel de importancia en el programa de
estudio los últimos avances científicos y los aspectos más irrelevantes de la
vida cotidiana”.
Otro aspecto importante es la euforia metodológica que ha eliminado de
los métodos de enseñanza el uso de la memoria y el ejercicio de la repetición
que, utilizados en su justa medida, son herramientas muy valiosas para el
estudio. Tanto la metodología como los contenidos son importantes y ambos se
complementan de forma que la metodología tiene que adaptarse a la naturaleza de
los contenidos.
También se ha devaluado la figura del profesor que aparece como una
mezcla de monitor y experto en entretenimiento
y “cuidador o animador socio-cultural de sus alumnos restándole
presencia y relevancia en la sociedad, disciplina en las aulas y autoridad en
los colegios”. El claustro de profesores ha perdido peso en favor del Consejo
Escolar.
“Otro aspecto a mejorar es el papel de los padres que en muchas
ocasiones se encogen de hombros” y participan mínimamente en la tarea común
de la educación de los pequeños.
Han desaparecido del lenguaje escolar palabras como el sacrificio y la
disciplina, imperando la falta de exigencia: sólo se intenta facilitar a los niños
una felicidad utópica, concibiendo la vida escolar como un cuento de hadas. De
esta forma los niños rehúyen el esfuerzo. “La moderna pedagogía nos ha enseñado,
con una didáctica demoledora, cómo la tolerancia ilimitada, la permisividad
extrema y en definitiva, la educación sin límites garantizan la educación en
y para la impunidad”.
La autora de este libro defiende en sus conclusiones una Pedagogía del
Contenido que eliminarían las actuales injusticias que se cometen con los
alumnos que “estudian, trabajan y se esfuerzan”.
Los chicos han de tener claro que al colegio se va a aprender y a
estudiar, aunque también hay momento para el juego, como son los recreos. Se
les debe convencer de que el esfuerzo por aprender merece la pena, pues ofrece
muchas satisfacciones. El profesor debe presentarse como una persona merecedora
de respeto y el alumno ha de aprender a respetarse a sí mismo y a sus compañeros.
El centro conceptual de esta Pedagogía son los contenidos a transmitir
en la enseñanza. Las habilidades, metodologías y didácticas se adoptarán en
función de los contenidos como instrumentos eventualmente útiles, y nunca como
generadores.
Arturo Ramo García
Inspector de Teruel
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